1908 nacía Héctor Roberto Chavero popularmente conocido como Atahualpa Yupanqui o Don Ata, en el hogar de José Demetrio e Higinia del Carmen Aran, afincados en Campo de la Cruz, un pueblito cercano a Pergamino, Provincia de Buenos Aires.

Su pasión por la guitarra comenzó a una edad muy temprana, en forma intuitiva, pero su maestro lo introdujo en el mundo de la música clásica a través de las obras de Sor, Albeniz, Granados y Tárrega.
Con el tiempo Don Ata llegó a ser autor, compositor e intérprete cuya labor estuvo signada, invariablemente, por un profundo contenido ético. En su biogafía Felix Luna expresa: "Por supuesto, como ha ocurrido en todos lados, las canciones de denuncia o de protesta caen frecuentemente en el primitivismo, la exageración o la mera simulación. Pero de todos modos, la experiencia ha sido fructífera y se ha legitimado en la música de origen folklórico, ya que no podía haberse elegido otro tipo de canciones que éstas, lejanamente iniciadas entre la gente humilde de la tierra, para plantear los temas que se refieren a la justicia y la dignidad humana. Ya veremos cómo también en este aspecto fue Atahualpa Yupanqui un precursor y un maestro que desde el principio de su trayectoria utilizó sus canciones para marcar la existencia de situaciones injustas pero que nunca sacrificó lo artístico a lo político en su quehacer poético" (Félix Luna, Atahualpa Yupanqui; Ediciones Jukar, 1974) .
Así se recuerdan Luna tucumana, El arriero, Los ejes de mi carreta, Minero soy, El arriero, Chacarera de las piedras, El cielo está dentro de mí y libros como "Cerro Bayo", "El canto del viento", "Piedra sola" y "Guitarra", entre otros éxitos.
Luego de un fracaso matrimonial, en 1945, Yupanqui se unió con Paule Pepin Fitzpatrick, "Nenette", con quien también compartió la autoría de muchas canciones, más precisamente las que llevan los nombres de Atahualpa y Pablo del Cerro.
Por 1948 llegó a París y según sus propias palabras: " ... era todavía un don nadie. Me tocó actuar en el mismo espectáculo junto a Edith Piaf, que en ese momento estaba en la cumbre. Su humildad hizo que esa noche fuera yo la estrella y ella la segunda figura: por imposición de ella yo abrí y cerré el espectáculo. Cosas así no se olvidan". El éxito en París fue rotundo y definitivo; en 1949 dio más de sesenta conciertos en toda Europa.
Su carrera artística lo llevó por el mundo entero pero siempre conservó su casa en Cerro Colorado, una localidad cordobesa situada en el Departamento de Río Seco, hoy transformada en museo.
Y ahora es un buen momento para tomarte un descanso y gratificarte escuchando un clásico de la obra de Don Ata: Mi alazán. Es un audiovisual; no te lo pierdas.

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